Libertad, democracia y honradez: tres nuevos medicamentos.

Fernando J. H. Carignano

Resumen


Bertolt Brecht

Su padre Bertolt Friedrich Brecht y su madre Sofie Brecht, nacida en Brezing. Bertolt asistió a la escuela primaria desde 1908, y finalizó sus estudios en la escuela secundaria de Augsburgo en 1917, año en el cual casi no obtiene el titular de bachiller por su implicación en un escándalo escolar.

Brecht terminó el bachillerato especial (Notabitur), al verse involucrado en un escándalo. Inicialmente influenciado por la euforia de la guerra, Brecht criticó con el ensayo sobre el poeta Horacio (65 a.C. - 8 a.C.) Dulce et decorum est pro patria mori (Dulce y honorable es morir por la patria), en el que se considera honorable morir por la patria y que Brecht considera como propaganda dirigida en la que sólo los tontos caen. Por ello fue castigado con la expulsión de la escuela. Sólo la intervención de su padre y el profesor de religión le evitaron el cumplimiento del castigo.

A continuación estudió medicina en Múnich, teniendo que interrumpir sus estudios al año siguiente al ser llamado a filas como soldado sanitario en un hospital militar en Augsburgo, en el marco de la Primera Guerra Mundial. Durante este tiempo conoció a Paula Banholzer, quien en 1919 dio luz a un hijo suyo, Frank, que moriría en el frente ruso durante la Segunda Guerra Mundial, en 1943.

Libertad, Democracia y Honradez: tres nuevos "medicamentos".


En escritos anteriores, hemos señalado que había otros elementos que, sin ser las noxas estudiadas por nosotros, eran productores de enfermedad y muerte. Así señalamos que la inseguridad, la corrupción, la impunidad, la falta de trabajo, la indigencia, la ignorancia y otras circunstancias que a diario vemos, leemos o vivimos, son formidables creadoras de afecciones y por ende, los médicos tendríamos que preocuparnos y ocuparnos de ellas.

Tampoco fuimos originales en esto, puesto que el Banco Mundial, por ejemplo, en sus informes periódicos de Desarrollo Humano, toma parámetros sanitarios para medir el desarrollo económico de una población, lo cual es lo mismo que decir que un país pobre es un país más enfermo. Si bien existen excepciones (Cuba, Costa Rica), en líneas generales esto se cumple casi matemáticamente. Entonces, tal como decíamos antes de ahora, los médicos debemos opinar también sobre causales que otrora soslayábamos.

En tren de fundamentar con ejemplos plausibles, tal como lo inmortalizara la Biblia con la mano de San Mateo, transcribimos los datos publicados por el diario La Nación (21/11/07), quien en su columna de opinión exhibe los datos de una encuesta sobre vigencia de la democracia, economía de mercado y transparencia en los actos de gobierno hecha en 153 países del mundo. El estudio, elaborado por el Centro para la Apertura y Desarrollo de América Latina, cruza los datos que surgen de las mediciones Freedom of the Word, del Freedom House; el Indice de Libertad Económica, de la Heritage Foundation y The Wall Street Journal y el Índice de Percepción de la Corrupción de Transparencia Internacional. De los indicadores surge una radiografía comparativa del estado de las libertades democráticas, la economía de mercado y la transparencia gubernamental.

Entre los países mejor ubicados, se encuentran Nueva Zelanda, Dinamarca, Finlandia, Islandia, Suiza, Australia, Holanda, Suecia, Canadá y el Reino Unido, todos ellos reconocidos por registrar variables sanitarias y sistemas de salud elogiables. Argentina se encuentra por la mitad de la tabla (64), por debajo de Chile, Uruguay, Costa Rica, Panamá, El Salvador, México, Brasil, Perú y la República Dominicana.

¿Qué queremos decir con esto? Que una vez más, se demuestra a las claras que los países con mayor confiabilidad y respeto de sus habitantes en el gobierno que los conducen, con una economía de mercado que le sirva a la población y con instituciones políticas legítimas y funcionando eficientemente, tienen mejores índices sanitarios que los que no poseen estas virtudes. Es obvio que los médicos no podríamos, ni deberíamos, ocuparnos de todos estos aspectos, pero sí es perentorio tenerlos en cuenta a la hora de evaluar las causas que enferman y matan a nuestra gente. Ya no vale más el dicho tantas veces escuchado en corrillos hospitalarios "…yo en política no me meto, me dedico a curar enfermos…".

A la luz de los hechos, resulta evidente que no estamos haciendo todo lo que podemos hacer para, más que curar, evitar que la población se enferme. "El peor analfabeto, es el analfabeto político…" decía Bertolt Brecht y, sabido es que, el analfabetismo fue y es un gran generador de afecciones.

 

El peor analfabeto es el analfabeto político.
Él no oye, no habla, no participa de los acontecimientos políticos.
Él no sabe que el costo de la vida, el precio del poroto,
del pan, de la harina, del vestido, del zapato y de los remedios,
dependen de decisiones políticas.

El analfabeto político es tan burro que se enorgullece
y ensancha el pecho diciendo que odia la política.

Él no sabe que de su ignorancia política nace la prostituta,
el menor abandonado y el peor de todos los bandidos
que es el político corrupto, mequetrefe y lacayo de las empresas
nacionales y multinacionales.


Bertolt Brecht


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índices sanitarios

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54-55

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